30 noviembre 2007

¿ES CIERTO O ME ESTAS HUEVIANDO?

Le pregunté cuarenta veces si era cierto y cuarenta y uno me asintió telefónicamente.
Es mi amigo del alma, de esos que no ves nunca pero que siempre sabes cómo está, su familia es la mía. Son la familia que te diste el gusto de elegir, los quiero más que cresta aunque eso no se note en mis visitas: hace más de cuatro años que no me aparezco por allá, pero no importa.
- Hola, ¿cómo estás? – me dijo justo a la medianoche.
- Bien, y tú, ¿cómo están por allá? – respondí medio dormido.
- Bien, te llamó para invitarte a mi matrimonio que es el 8 – lanzó de una.
En ese mismo instante comencé mi pauta de repetitivas preguntas, exactamente 40 que se intercalaban con consultas del evento, la familia, los amigos, etc.
Estoy escribiendo únicamente por la noticia, me levanté exclusivamente para contar esto, la adrenalina me quito el sueño de una.
Mi compadre se casa, el mismo que me acompaño al hospital mientras uno de mis dedos quería despegarse de su pie amigo, el mismo que me levantó más de una vez cuando ya estaba por tirar la toalla, con él nos mandamos carretes memorables que nos hicieron merecedores de algunas medallas que con orgullo muestro en mi pecho.
Mañana probablemente tendré que pensar en el regalo que le llevaré a él y su señora, la cual no conozco, pero que ya se ganó todo mi respeto. Tendré que arreglar mi terno para la ocasión, vestirme de etiqueta para un evento que no esperaba. Y, quizás, lo más importante tendré que ver cómo cresta le explico a mi jefe (desde el lunes 03) que en menos de una semana tendré que pedirles un permiso especial para irme a un matrimonio a Lebú, la capital de la Provincia de Arauco.
Ya ha pasado casi una hora desde que le corte a mi compadre y aún tengo la pregunta dando vueltas: ¿Es cierto hueón, no me estás hueviando… verdad?
Se casa mi compadre, ya me imagino bajando a la ciudad por la ladera del cerro, recibiendo el adorable aroma del bosque mezclado con el mar y abajo la ciudad que despierta con las chimeneas caseras. Me bajaré del bus y saldré corriendo a la casa de mi compadre, abriré la puerta – es posible que me esperen con desayuno – abrazaré fuertemente a mi tía Marta, al tío Miguel, botaremos lágrimas juntos y nos reiremos del acontecimiento. Luego de degustar el pan amasado, mi tazón de café y abrazar nuevamente a los tíos despertaré a los demás y volveré a preguntar: ¿Es cierto que se casa este hueón?
No sé cómo será la fiesta, es probable que se cierre una cuadra para instalar la parrilla, que aviones cisternas sean los encargados de echar el chimichurri a las carnes, que haya camiones cisternas instalados en lugares estratégicos para satisfacer la sed de la concurrencia, es casi seguro que el evento no aparezca en las páginas sociales de El Mercurio, pero que va, la memoria es más fuerte que una fotito en un diario cualquiera.
Todo lo anterior no me importa, me da lo mismo, solo me importa estar ahí, con mi mejor pinta cuando mi compadre Carlos Salas Licancura diga: Sí, acepto y luego yo pregunte: ¿Es cierto o me estas hueviando?

1 comentario:

Coty dijo...

Y no te da pena??
Siempre me ha pasado con estas cosas que siento que es como si me quitaran a alguien (¿egoísta yo?). Además es un paso tan importante en la vida de una persona, empiezan las responsabilidades ineludibles es como hacerse grande de golpe... y creo que no me gusta que la gente se haga grande, por mi que nos quedemos todos como adolescentes y que otros se preocupen de las cosas importantes.
En fin, podrías hablar más seguido con tus amigos, así no te enterarías la semana anterior al matrimonio...
Suerte en Lebu y en la pega.